Asturias es un ejemplo de protección medioambiental de sus espacios más preciados y así lo han entendido los integrantes del comité español del programa Hombre y Biosfera (MaB) de la UNESCO, que acaban de aceptar la candidatura del parque natural de Las Ubiñas-La Mesa para convertirse en la sexta reserva de la biosfera en la región.
Es un espacio de 326,3 kilómetros cuadrados de los territorios de Teverga, Quirós y Lena, donde el visitante puede encontrar hayedos y vegetación de alta montaña, así como ejemplares de oso pardo, urogallo cantábrico y aves rapaces como el águila real. Declarado parque natural en 2006, el espacio cuenta con cumbres que superan con holgura los 2.400 metros de altitud y cuenta con tres valles principales atravesados por los ríos Taja, Valdecarzana y Val de Sampedro o Páramo. La cavidad kárstica de Cueva Huerta, pastos montanos donde se pueden contemplar reses de raza asturiana de los valles y turberas como la del lago El Tchegu son otros de los atractivos de este parque natural donde el hayedo representa el 65% de su terreno arbolado. Otros animales abundantes en la zona son el jabalí, corzo, ciervo, rebeco, lobo, nutria, murciélago de cueva, pico mediano, alimoche, azor y halcón peregrino, dentro de una larga lista de especies.
Pero es que la vida humana está también muy presente en este espacio protegido. Desde los abrigos rupestres de Fresnedo hasta los teitos y cabanos, pasando por los castros de Focella, Barrio, La Picona y El Collao, y el Camino Real de la Mesa son algunos de los muchos vestigios de la presencia del hombre en estos parajes a lo largo de los siglos.
Pero la más que posible declaración de Las Ubiñas-La Mesa como reserva de la biosfera tiene una importancia que va más allá de las fronteras asturianas. Sí es cierto que se convertirá en la sexta zona con este grado de protección en el Principado, pero supondrá un espaldarazo decisivo para uno de los proyectos medioambientales más relevantes del país. Se trata de la creación de la reserva de la biosfera Gran Cantábrica, que abarca desde Fisterra hasta Navarra.
Ecoturismo
Laciana, Babia, valles de Omaña y Luna, Alto de Bernesga, Los Argüellos, Los Ancares leoneses y Os Ancares lucenses y montes de Cervantes, Navia y Bacerrea son, junto con los territorios asturianos, los que ya están integrados en este gran proyecto interprovincial. La futura inclusión del parque natural de Las Ubiñas-La Mesa supondrá que prácticamente toda la Cordillera Cantábrica cuente con este alto grado de protección por parte de las autoridades de las Naciones Unidas.
Con la Gran Cantábrica, la UNESCO pretende coordinar la utilización del territorio para asegurar la conservación de los grandes mamíferos escasos y favorecer, al mismo tiempo, un ecoturismo de calidad y una industria responsable. En España, tanto el Gobierno central como las comunidades autónomas afectadas mostraron expresamente su decidido interés en formar parte de este proyecto, aunque una de sus peculiaridades es que el Estado no puede presentar una candidatura global de todo el territorio afectado, sino que cada comunidad autónoma ha de presentar cada propuesta de manera individual.
En 2008 ya se celebraron las primeras reuniones de alcaldes y concejales de ayuntamientos con terrenos incluidos en la Gran Cantábrica en las que el desarrollo rural, el futuro de la ganadería y las claves del éxito turístico fueron algunos de los asuntos abordados.
La UNESCO apoya sin reservas este proyecto español y se ha encargado de revisar la zonificación del conjunto del territorio para ir añadiendo nuevos espacios hasta completar la Gran Cantábrica, pero siempre desde el punto de vista del respeto con el marco competencial español. El gran objetivo medioambiental del Norte de España está cada día más cerca













