Seis semanas en Teverga y otros cuatro días en Islandia dan para mucho, y más si ruedas un largometraje.
¿Para qué sirve un oso? comenzará en las próximas semanas su distribución en salas de cine de fuera de España. Su director, Tom Fernández, echa la vista atrás y recuerda las anécdotas de un rodaje que supuso una inmersión en la naturaleza desde los ensayos. “Estábamos ensayando con Sira (García) y Emma (Suárez), que hacía el personaje de la veterinaria. De repente dijo: estoy viendo parir a una vaca. Efectivamente, una asturiana de los valles acababa de tener un xatín. Estuvimos con el dueño y Emma fue la primera que le acercó el hocico al tetu de la madre. Hizo de veterinaria de verdad”.
La integración del equipo en suelo tevergano fue total desde el primer minuto. “Disfrutaron muchísimo. Estaban encantados con el paisaje y también hicieron buenas amistades. Sobre todo con la gente de La Chabola, que era como nuestro campamento base”. Uno de los intérpretes, Gonzalo de Castro es ya asiduo a Asturias por el rodaje de Doctor Mateo . Aunque “en Lastres es casi el sheriff”, nunca había estado en Teverga, lo que no evitó que hiciera de anfitrión. “Siempre lo hace esté donde esté porque es muy bien compañero, igual que Javi (Cámara)”. Los dos se encargaban de animar al resto cuando las cámaras rodaban a primera hora de la mañana.
El naturalista Luis Miguel Domínguez facilitó el encuentro con el oso de la película, que a su vez trabaja para una empresa que proporciona animales para cine y publicidad. “Cuidaban muy bien a los animales. Uno de ellos trabajó con Félix Rodríguez de la Fuente y son gente muy responsable”. Como nació en cautividad, “era como un perro”, detalló el cineasta. Así, respondía a órdenes para sentarse o levantarse. Incluso, bromeó, “hacía cortes de manga”.
La huella de ¿Para qué sirve un oso? no se limitó a las salas de cine. El director asturiano quería rodar una de las escenas debajo de un texu, pero el de San Martín de Teverga se encontraba en mal estado. “Me empeñé en grabar ahí, hablamos con los del parque y pagamos para que lo sanearan y lo limpiaran”. Fue un gesto para devolver al pueblo “todo lo que nos estaban dando”, manifestó Tom Fernández.
La película propició además el reencuentro con los entibadores del Caudal que ya trabajaron en el anterior trabajo del cineasta, La torre de Suso . El trabajo a realizar era más complejo en esta ocasión. “Una vez más, sacaron el hacha minera a relucir e hicieron de las suyas”, recordó. Las cabañas siguen allí y con ellas cumplió el sueño de todo niño: tener una casa en el árbol. “En Balmori (Llanes) andábamos todo el día en los árboles y no queríamos bajar”.













