La sangre fría ante los porteros rivales, esa que Adrián exhibió durante el reciente Europeo sub 21 y que le hace ser uno de los arietes más deseados, se quebró pronto ayer en Teverga. La emoción pudo con un futbolista templado, inmutable, centrado en el balón. Pero ante el homenaje de sus paisanos y los recuerdos, la voz de Adrián se quebró y las lágrimas se dejaron ver. Un futbolista grande y un ser humano mejor, como reflejó el lleno que registró la plaza del ayuntamiento para aplaudir a su paisano.
“Hay que darle una ovación enorme”, se podía escuchar casi una hora antes del inicio del homenaje, previsto para las siete de la tarde. En el ayuntamiento, el alcalde, Belarmino Álvarez, y la concejal de deportes, Susana Fernández, daban los últimos retoques a las pancartas que se podían ver en el balcón de la casa consistorial tevergana. Poco a poco, la plaza se fue llenando. Muchos de los presentes ya no residen en San Martín, pero se acercaron a aplaudir a su vecino más ilustre. Y humilde.
Poco antes de las siete, Adrián asomaba por la plaza y comenzaban los saludos. Primero sus amigos de siempre, que hacían corrillo con él. Se le veía nervioso, pero intentaba disimularlo. Entre aplausos, se introdujo en el ayuntamiento. Y entre la gran ovación que pedía uno de sus vecinos, el máximo goleador de la Eurocopa salió al balcón acompañado por las autoridades.
Todos fueron muy parcos en palabras. Las dos pancartas que colgaban en la fachada lo decían todo: “Enhorabuena campeón”, rezaba una. “Teverga está contigo”, se leía en la otra. Un homenaje sencillo para “un tevergano más”, como le describió la concejal de deportes. Y que “lleva con orgullo el nombre de Teverga por el mundo”, proclamó el alcalde, que remató a puerta después: “Cuando Adrián marca un gol, lo marcamos todos”.
El futbolista tomó la palabra, poco, para agradecer todas las muestras de cariño que está recibiendo. Intentó mantener el tipo, pero había demasiadas emociones y el recuerdo de sus abuelos le hizo quebrar la voz. Con más calma y aún en el balcón de la casa consistorial, el club Madreñomoto le entregó su carnet de socio tras la entrega de una placa por parte del ayuntamiento tevergano.
Más tarde había organizada una espicha. Se esperaba que tuviese que firmar autógrafos a sus amigos y vecinos… pero no tantos. Tras haber pasado la mañana en El Requexón firmando a todos y cada uno de los niños del campus del Real Oviedo, Adrián estuvo cerca de una hora en los soportales del ayuntamiento haciendo lo mismo. Su padre se encargó de llevar fotos del futbolista. Muchas, muchísimas. Pero no bastantes. Y Adrián firmó una y otra vez, sin perder la sonrisa, con paciencia, con agrado, orgulloso y agradecido. Ser el mejor jugador y el máximo goleador de una Eurocopa tiene estas cosas. Y Adrián las saboreó lentamente, con calma. Así es él.













